CARAVAN 222

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Made in Chile

Siempre que uno llega demasiado temprano a Onaciu viene una sensación de “mmm… aquí no va a pasar nada”, pero aún no alcanzaba a terminar mi cerveza de bienvenida cuando esa primera impresión comenzó a perder cualquier pizca de verdad. Fui invitado a ir tras bambalinas a conocer a los Caravan 222 y compartir con ellos los minutos finales pre show y luego de escuchar de sus propias bocas la historia del proyecto supe que lo que estaba por ver sería interesante. La curiosa espontaneidad de esta ecléctica iniciativa cautiva desde su origen y es que es una colaboración de cuatro músicos estadounidenses que decidieron venir a Chile por un par de meses para armar una banda acá. Sí, acá. ¿Raro? Más raro aún es que el mismo día en que Jacob Landry, Kyle Demartini, Nate Porter y Dashield McLary llegaron desde San Francisco hace solo unas semanas, luego de perderse en el metro y ser rescatados por el baterista chileno Simón Todorovic quien completa la formación de este quinteto, comenzaron la labor compositiva arrojando un buen puñado de canciones esa misma tarde, los primeros pasos de esta alocada idea.

Pero no es solo una idea loca, sino una muy entretenida. Presenciar el show de Caravan 222 es conectarse con el lado más orgánico y análogo de la música, es un viaje por estados emocionales que conectan la profundidad de un relato poético con la crudeza de un solo de blues y los gritos del violín, todo en una dinámica construcción sonora con indudables elementos setenteros de raíz folk y con un inteligente manejo de intensidades que hacen transitar al público desde atmósferas hipnóticas hasta momentos coléricos inundados por una sensación de cantina, casi como si de la barra se fuera a parar un comensal con sombrero para partirle en la cabeza una botella de bourbon a otro con botas. El escenario fue un carrusel donde solo Todorovic mantuvo su lugar en la batería durante todo el set, la delegación norteamericana intercambió instrumentos en todas direcciones impregnando el show de un espíritu festivo, como de reunión de amigos. Excelente manejo interpretativo que compensa con creces los detalles de ejecución propios de un show preparado en tan poco tiempo. Además, la onda no se ensaya y en este caso había de sobra.

En resumen, Caravan 222 es altamente recomendable de ver en vivo, no solo porque aseguran diversión ni porque estén próximos a volver a San Francisco, sino porque es probable que esta sea la única oportunidad de disfrutar de este pescado con hombros, una banda gringa “made in Chile”.

Cristóbal Soto