LOLLAPALOOZA CHILE 2016

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Histrionismo al servicio del sonido

Por sexta vez en Chile, se realizó el festival Lollapalooza, que reunió a estrellas de diversos estilos y orígenes. Más de cien mil espectadores presenciaron un evento único, donde los nombres más relevantes de la música popular actual se reunieron para celebrar la energía única que causan las canciones en vivo.

El sábado 19 de marzo destacó la banda californiana Eagles of Death Metal, enfrentada por el carismático Jesse Hughes. El vocalista, junto con bailar, cantar y dirigirse al público con una inmensa simpatía, utilizó recursos como una bandera chilena, que recibió y alzó ante sus fans como una muestra de respeto, y su micrófono, para utilizarlo como una cuerda y saltar en el escenario cual niño en el jardín infantil, como parte de una puesta en escena donde el histrionismo fue esencial. Mejor aún, el sonido fue infalible, y la prensa concordó en que el show de los norteamericanos fue uno de los mejores de esa jornada.

Al día siguiente, el domingo 20, el día comenzó con la excitadísima puesta en escena de Vintage Trouble, un cuarteto norteamericano que cruza tanto la influencia del rock clásico como del soul. Y, en la performance de Ty Taylor, su frontman, revive el espíritu salvaje de Elvis Presley y James Brown: no solo movió las caderas para desatar la locura en las chicas, también saltó al público y “nadó” sobre él, para seguir cantando sin haber fallado en nota alguna e incluso, sumando las voces de los fans, en un momento único del festival. Más tarde, los argentinos Babasónicos demostraron su galantería, reencantando a sus seguidores y sumando a otros más. Adrián Dárgelos, su cantante, se movía de lado a lado con su micrófono en mano, seduciendo con canciones como ‘Microdancing’ y ‘Los burócratas del amor’.

Twenty One Pilots, un dúo de Ohio que mezcla hip hop, pop y emo rock, llegó ataviado de disfraces de esqueletos, y al ritmo del primer tema de su set, ‘Heavydirtysoul’ y con un micrófono que caía desde el techo, Tyler Joseph, cantante, desató la pasión del público , mientras el baterista Josh Dun fue implacable en la batería. Su concierto, que se extendió por una hora, fue acelerado y no dio pie a la disminución de la intensidad. Mumford and Sons, en tanto, cabezas de cartel de Lollapalooza Chile, y uno de los grupos de más renombre en la actualidad, hicieron gala de su inquietud musical no solo en el escenario, con un Marcus Mumford que pasa a la batería y a la guitarra acústica y eléctrica con una total comodidad, sino también en su propuesta folk, que se sostiene a través del tiempo con pasajes sonoros cuidadosamente armados.

Cada una de estas figuras llamó la atención por su distintivo carácter artístico, y, en mayor perspectiva, por su excelente sonido, que resultó en una serie de conciertos únicos y especiales. Porque la música que trasciende no solo se ve y se escucha bien, también se queda en la memoria.