Black Sabbath: The End
[:es]A eso de las 7 de la tarde, ya se podía ver en las arterias del Estadio Nacional a miles de personas moviéndose en la misma dirección, como glóbulos negros que harían latir el corazón del show más oscuro e importante del año.
Todo comenzó con Yajaira, los nacionales que tuvieron la gran oportunidad de abrir a las más grandes leyendas del Heavy Metal, con un show a la altura del evento. Luego vino el turno de Rivals Sons, la sangre fresca del Rock and roll que nos hizo mover nuestras cabezas con el Groove de “Electric man” y “Keep on swinging”.
Luego de los primeros impulsos eléctricos, el corazón de las 60 mil personas que asistieron se detuvo mientras observaban atónitos las visuales que se proyectaban en las pantallas del recinto, al mismo tiempo en que miles de teléfonos brillaban como los testigos del último show de la banda británica daba en nuestro país. Así se iniciaba el rito.
El primer latido de “The End” fue “Black Sabbath” con el inconfundible y lúgubre Riff de Iommi. Todos enmudecieron, hipnotizados y en éxtasis mientras en las pantallas se podía ver a los músicos con imágenes psicodélicas que sumaban bastante al show, un acierto.
Las primeras e infaltables bengalas se dejaban ver, a medida que el show avanzaba hacía el inframundo, y hacia temas como “Into the void” y “snowblind”.
Vino el turno de “War pigs”, es en este momento cuando Ozzy entona nuestro típico “olé olé olé oléee” demostrando su cercanía con nuestro país, y que, a pesar de sus 67 años, llenaba con su energía el escenario.
Pero la edad hizo lo suyo, faltando poco para el final del show Iommy, Ozzy y Geezer, desaparecieron dejando en escena a Clufetos, en un magistral, frenético e interminable solo de batería que dejó con la boca abierta a quien no estuviese preparado.
Cuando las oscuras almas de los tres músicos volvieron a escena, lo hicieron con algunos de sus mejores clásicos. “Iron man” sonó, y nuestras cabezas volaron otra vez, tanta potencia en una sola canción con las proyecciones calavéricas en pantalla, hicieron despertar al mismísimo Lucifer.
“Children of the Grave” y “Paranoid” fueron las últimas dos canciones respectivamente que dejaron para el final, y con que Black Sabbath se despedía de nuestro país un nostálgico sábado 19 de noviembre, que nos dejaría un sabor agridulce, porque fuimos testigo de lo mejor de su música e historia, y donde abuelos, padres e hijos pudieron disfrutar como familia, pero también sabiendo que nunca más en la vida podremos disfrutar de la oscuridad y genialidad de los padres del Heavy Metal en nuestro país.
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